La FAO en su
informe sobre El estado mundial de la agricultura y la alimentación 2013,
sostiene que “la malnutrición impone costos económicos y sociales
inaceptablemente altos a los países de todos los niveles de ingresos”.
Efectivamente,
acciones a erradicar este problema deben enfocarse en la agricultura y en
general en todo el sistema alimentario. La FAO estima que 868 millones de
personas, el 12.5% de la población mundial, están subnutridas; asimismo, el 26%
de los niños del mundo padecen retraso del crecimiento y 1400 millones de
personas tienen sobrepeso, y de estas 500 millones son obesos.
Desde luego que
esto tiene un impacto directo en la economía mundial: podría representar hasta
un 5% del Producto Interno Bruto (PIB) mundial, equivalente a 3.5 billones de
dólares americanos al año.
Las causas
inmediatas de la malnutrición no son fáciles de identificar dada su complejidad
y multidimensionalidad; la FAO cita la insuficiente disponibilidad de
alimentos inocuos, variados y nutritivos o su ineficiente acceso, la falta de
agua salubre, saneamiento y atención sanitaria y formas de alimentación
infantil y dietas de los adultos inapropiadas.
La FAO considera
que los sistemas alimentarios deben abarcar a todas las personas y procesos
mediante los cuales se producen, elaboran y llevan hasta el consumidor los
productos agrícolas, e incluye a los funcionarios públicos.
Compartimos con
este estudio que las políticas de Estado relacionadas con los sistemas
alimentarios deben considerar como objetivo prioritario la nutrición, y para
ello deben establecerse no sólo las metas sino los indicadores que
efectivamente midan los impactos de la productividad de alimentos y del sistema
alimentario en el logro de una mejor nutrición de manera equitativa.
El incremento en
la productividad por sí solo no puede con este gran objetivo, requiere de una concurrencia
de esfuerzos institucionales, pero también del sector privado y social.
Se considera por
la FAO que el incremento en la demanda alimentaria en las próximas décadas
alcanzaría hasta un 60%, por lo que en conclusión, es necesaria una gobernanza
de los sistemas alimentarios en todos los niveles para construir una visión
común, respaldar políticas basadas en datos fehacientes y promover una
coordinación y colaboración efectivas a través de medidas multisectoriales.
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